Hipotecas y órdenes de embargo pesan sobre la propiedad con escaso valor para el cultivo, que se usó para dar de pastar a reses bravas y ahora se arrienda como coto de caza
Se ha convertido en el centro de la batalla entre Isabel Pantoja y su hijo Kiko Rivera, y aunque todo el mundo habla de ella, es un búnker aislado. En Cantora, la finca que su entonces marido, Francisco Rivera Paquirri, compró en 1983, impera una calma tensa. Solo se oye el ruido de los coches que pasan por la carretera comarcal A-396 entre Medina Sidonia y Barbate (Cádiz). Tampoco hay movimiento de personas, salvo algunos periodistas que hacen guardia bajo el sol. Ninguno de los trabajadores entra o sale, por orden de Pantoja.